El evento inicia a las 5:45. Piscos de honor

8.17.2008

Desaparecidos

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por Adán Calatayud
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Yo:
No aguantaba un día más en la casa de mamá, en la agencia, en Lima, todo me agredía; los sonidos, los objetos, los recuerdos flotando sobre las cosas. Qué pecado cometí para convertirme en un ser que se repite día a día, en un tapete sobre el que todos pasan sin limpiarse los pies, llenándolo de mierda: ser ordenada, comprometida, inteligente en el trabajo; ser solidaria y responsable con mis hermanas. Con la seguridad que me da el dinero escamoteado (no lo robé) a la agencia, mirando esta inmensidad teñida de todos los verdes posibles sobre la tierra me digo que escapé en el momento preciso, lo único que extraño son las caricaturas: al conejo jalando la barba de Sam bigotes o al hijo de Silvestre con una bolsa de papel sobre la cabeza avergonzado de su padre. Así me siento cuando pienso en mi familia, sobre todo en mis hermanas, no quiero verlas nunca más, espero engordar, llenarme de pecas, hablar como la gente que vive cerca de aquí, de este modo, si alguna vez tengo que regresar a Lima, nadie me reconocerá.


Tú:
Su película se irá a la mierda, ese será su castigo. Esa cojuda podrá haber estudiado en Chicago y Berlín, pero el cine sólo es su pasatiempo, tiene la película porque su culo puso como loco al productor. No me robé el dinero de la cooperación española sólo por darme el gusto de comprobar cómo su verga lo lleva a la ruina. Yo me hice solo en este medio, cargué cables, luces, hice sonido, nunca le hice ascos a nada; mirando, preguntando fui aprendiendo este oficio. Esta era mi oportunidad, ya le había demostrado mi valía con dos novelas y un cortometraje, pero no: le dio la dirección a la flaca que se ligó en Asia y que de casualidad había estudiado cine; a mí, su mano derecha durante más de diez años, me mandó a detener el tráfico, a callar el bullicio en exteriores. Para qué hacer más hígado, mejor es aprovechar esta calma, no más bocinas, canillitas, ni altoparlantes en las calles: aquí no hay calles. Mejor será ponerme a estudiar el sol, el cauce del río, ellos me darán la energía para cocinar los alimentos, la electricidad para tener luz y poder leer por las noches; de seguir comprando combustible el dinero que robé se agotará.


Él:
Maldita selva; el bochorno, los insectos, la falta de comida decente, me van a matar. De puro huevón estoy aquí, el papel aguanta todo me dijeron y por unos dólares yo puse la cara, mejor estaba con mi negocio de chatarra, haciendo plata de la basura, quién mierda me mandó meterme de periodista; claro que tengo la inteligencia, el perfil, pero ese último reportaje fue un abuso, debí pedir un poco más, así no estaría acá, me hubiera ido al extranjero y me estaría dando la gran vida, pero pensándolo bien, eso todavía es posible, estoy seguro de que mis vecinos, los dos extraños que viven a medio kilómetro, esconden algo, son iguales a mí: mierda huyendo de Lima. Que recen para que no lo descubra porque les voy a sacar hasta el último sol que se hayan traído a esta maldita selva.


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A YO, la traicionó la vida. Sus hermanas y parientes más cercanos se pelean por heredar la vieja casona familiar de La Aurora en Miraflores, su novio apareció en un video porno colgado en internet, en el trabajo solo por ser eficiente le quitaron el cargo de directora de arte y la pusieron a hacer presupuestos. YO nunca se traicionó, pensando en que algún día tendría que escapar, diseñó un sistema de pagos a proveedores y terceristas anónimos que le permitió canalizar el 1% del presupuesto de cada cuenta que manejó durante los ocho años que trabajó en la agencia de publicidad más grande del país. soñó desde niño con ser director de cine y su gran oportunidad le fue arrebatada; el guión era suyo, ayudó a conseguir financiamiento, pero le dieron la historia a otra persona. Cuando se enteró de esto decidió olvidarse del “amigo” que le enseñó el oficio, de su vida vacía en la capital y vivir su “original” película: “Asalto al camión de caudales”. Para hablar de Él solo es necesario decir que desde la dirección de un diario chicha enlodó a cuantas personas pudo y levantó todas las cortinas de humo que el sucio dinero le permitió. YO es hermosa y muy inteligente, es un hombre práctico, y un poco feo; son muy buenos amigos, YO utiliza la cocina solar y el domo de energía que construyó y le permite usar a cambio de que lo visite cada tarde para conversar de cine, y aunque a sólo le gusta hablar de los wenstern que vio de niño, a YO le divierten esas pláticas de media tarde. Los días transcurren así y aunque se llevan muy bien, no hay cabida para el romance, alguna vez, al hacerse confidencias, admitieron que extrañaban el sexo y se dijeron que podrían ayudarse a aplacar esas urgencias siempre y cuando tenga a la mano un poco de ese licor de frutas silvestres que prepara cada cierto tiempo. Pero ambos están muy lejos de cumplir su promesa, en el pequeño paraíso que cada uno a construido reina la soledad. ÉL, llegó veinte días después que ellos a estos parajes; los espió, hurgó entre sus cosas cuando fueron de pesca y no encontró dinero ni el menor indicio de por qué dejaron Lima. Perezoso y deshonesto decidió dedicarse al narcotráfico, pero antes de que pudiera ponerse en contacto con uno de los capos para ofrecerle sus servicios como asesor, lo mataron. Sin odios, sed de venganza, sexo, ni violencia este relato se agotó; como en el cine, sin conflicto no hay historia, mejor será colgar el cartel de FIN en un rincón del papel. ■
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1 comentario:

Innuendo... dijo...

Buena historia, ojalá todos pudiéramos escapar así. Lamentablemente, quedan pocos lugares donde uno puede escapar de la locura urbana. El odio, la muerte y la sed de venganza, ya no son solo parte del cine, el mundo de hoy en día parece necesitarlo para seguir con su propia y macabra trama...pero nadie es capaz de colgar el cartel de FIN