El evento inicia a las 5:45. Piscos de honor

7.11.2008

ESCRITOR ENCUBIERTO

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por Adán Calatayud


11 am, Pueblo Libre. Convenzo a un amigo que me permita reemplazarlo en la presentación del último libro de un escritor reconocido.

8 pm, Colegio Raimondi-La Molina. Una italiana castaña de enormes ojos negros y silueta de infarto provocan en cualquier hombre un efecto Henry Miller, pero los motivos que me han traído a este lugar excluyen cualquier intento de flirt. Una “vaca sagrada” sale de su destierro voluntario para presentar su última novela; sin duda una gran oportunidad para colarme entre los ayayeros, esperar el momento preciso para abordarlo, hacer un comentario inteligente de su libro, esperar a que me reconozca (hace cinco años fui muy asiduo a los talleres de narración que dictaba con desgano para agenciarse unos soles) y pedirle (rogarle, suplicarle si fuera el caso) que revise el manojo de textos que traigo en este trajinado maletín. Si me reconoce y acepta leer los cuentos le insinuaré mi gran anhelo: “que un escritor tan importante como él escriba el prólogo de mi primer libro de cuentos”. Mientras espero que inicie la ceremonia bebo algo, pruebo un bocadillo, voy de un lugar a otro, tomo fotografías de los asistentes y la italiana no deja de mirarme. La miro de reojo, imagino sus formas bajo el vestido, calculo los infinitos instantes de placer que podría vivir esta noche con ella y digo no, nuestra atención está reservada para aquel viejo entrañable que hace un cuarto de siglo escribió una de las mejores novelas que he leído.

Una hora más tarde. El escritor nunca llegó, arrugué mis papeles y los metí como pude en la maleta. Guardé los equipos que por esta noche me convirtieron en un gran fotógrafo y me dirijo a la salida. En el umbral un vestido negro corto, con un escote generoso pasa frente a mis ojos y recuerdo a la italiana, cambio de dirección y enrumbo a la mesa de bebidas, cojo una copa de vino y busco, exploro la sala en pos de la silueta que contemplara una hora atrás. La encuentro en un rincón, conversando con un fotógrafo de algún medio desconocido, persigo su mirada por unos instantes y cuando la encuentro, parece no acordarse de mí. No debí guardar la cámara fotográfica, pienso. La italiana y su acompañante parecen dispuestos a salir del local, ella lo coge del brazo, pasan por mi lado y alcanzo a escuchar que él se gana la vida como fotógrafo, pero en el fondo quiere ser escritor, está preparando un libro de cuentos; ella escucha admirada, yo bebo mi copa de vino y se me ocurre que es el trago más amargo que he probado en mi vida.


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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece una experiencia real del autor je je.

carlosorbegozo dijo...

tsss ayas hecho lo contrario ke te va a atrakar..piensa px..pa mi ke lo de la camara de fotos lo usas de barajo. un abrazo y qando volvemos a lince para agarrarnos a chelazos. pako