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8.13.2010

Rememorando los Bosques de Armando Rojas




Por Antonio De Saavedra




Armando Rojas Adrianzén nació en Huancabamba, Piura, en el año de 1945. Realizó estudios secundarios en el colegio San Francisco de Asís de su ciudad natal. Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde se graduó con dos tesis sobre la obra poética de Javier Sologuren para bachiller en Humanidades (1972) y doctorado en Letras (1973). Luego fue catedrático en dicha casa de estudios. Entre enero de 1971 y agosto de 1977, junto a Sologuren y a Ricardo Silva-Santisteban, editan 20 números de la revista Creación & Crítica, el último bastión de la poesía purista peruana frente a lo que lamentablemente ocurría en esos años. En 1973 edita su primer poemario: Bosques, a través de las ediciones Arte Reda y la revista Casa de Cartón, con 6 ilustraciones de Víctor Escalante y bajo el atento cuidado editorial de Javier Sologuren, libro que fue bien recibido por la crítica y por los pocos lectores de poesía en esos años. En 1975 Rojas publica a través de Ediciones De La Clepsidra (que dirigía junto a Silva-Santisteban) una traducción de El Aire Del Agua (1934) del poeta francés André Breton. A fines de ese año viaja a Francia para seguir estudios de postgrado en la Universidad de Estrasburgo y luego laboró como agregado cultural en la parisina embajada del Perú. En esa ciudad funda, junto a varios escritores latinoamericanos, la revista bilingüe español-francés Altaforte (1979-1983), donde se publican obras inéditas de poetas peruanos como César Moro y Jorge Eduardo Eielson, entre otros. En años siguientes publicaría otros destacados libros de poemas, como Sombras Y Quimeras (París: 1978-1979) y El Sol En El Espejo (París: 1983). Armando Rojas falleció en París en 1986 víctima de un inoperable tumor cerebral. Muchos de sus escritos y traducciones se han editado póstumamente, como el poemario Gaviotas En El Lienzo, editado como separata de la revista Umbral en 1988 y luego reproducido en el número 12 de la revista Lienzo en diciembre de 1991; y el poemario escrito al alimón con Silva-Santisteban Canto Al Pie De Las Colinas (Lima: Ediciones Pedernal, 1989). Por el momento queda pendiente de publicar un poemario titulado Dialecto. En 1992 en Uruguay y luego al año siguiente en Lima, Silva-Santisteban edita una amplía antología poética de André Breton con el título de Poemas (Montevideo: Ediciones Trilce; Lima: Jaime Campodónico Editor), conteniendo otras versiones inéditas de Rojas. En 1994 se editó su versión de Canto Para Un Equinoccio de Saint-John Perse (Lima: Ediciones Pedernal, 1994), además de varias traducciones de textos de César Moro publicadas en diversos medios.
Bosques, como bien lo remarca Alberto Escobar en el tomo II de su Antología De La Poesía Peruana (1973), es un gran esfuerzo por erigir un lenguaje propio, al parecer sin desmedro al barullo de la poesía peruana más inmediata al entorno de Rojas. Partiendo de obvias prestadas atmósferas sologurenianas, el poeta logra desmembrar la parsimonia heredada de la poesía vanguardista para moldear un símil entre escritura conllevada y poesía decantada. No creo que solo haya querido ir a contracorriente, sino también demostrar que con tan solo unos cuantos elementos (fijarse en los títulos de las secciones del libro), que pueden resultar al fin repetitivos, se logra construir una poesía sin tiempo ni espacio y comprometida intrínsecamente con las circunstancias que rodean al poeta (recuérdese: hablamos de los convulsos años 60’s-70’s). Más aun sabiendo que posiblemente la experiencia poética de Rojas haya nacido en pleno Huancabamba, lugar mágico y misterioso. Ello no solo es visible en una severa inducción de purismo en sus poemas, sino también en su trabajo intelectual: sus traducciones han quedado como clara muestra del encuentro entre lenguas romances poco distanciadas. Creo que a la postre deberíamos retomar la senda que Rojas nos ha mostrado para asimilar otras vertientes menos conocidas de nuestra poesía. Por ello es valiosa esta reedición en digital. Recuerdo que a mediados de 1996 estuve visitando a Róger Santiváñez en su casa de Villacampa en el Rímac, y tenía a la mano una fotocopia del № 14 de Creación & Crítica en la que se publicó el poema “Montes”, luego incluido en Bosques. Roger –como buen piurano que es— me explicó que la palabra ñija la vociferan los recios campesinos de las alturas de Piura, golpeando sus machetes en el suelo, cuando van a trenzarse en duelo a machetazos por alguna disputa territorial o afectiva. Rojas también desafió a su época, frustrada por no saber usar sus propios referentes rumbo a una poesía autentica, dilema que resolvió en cierta manera con Bosques.

Descarga "Bosques" en pdf




*Antonio De Saavedra (Lima, 1974)
Realizó estudios de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Publicó el libro de poemas Laguna de Electricidad (1998). Prepara un nuevo libro titulado Holoturia. Textos suyos pueden leerse en:
www.antoniodesaavedra.blogspot.com. Contacto: andesaa@yahoo.com

5.06.2010

La Luna, Eielson y la Nasa


Durante la década del 60, el ancestral sueño del hombre de llegar a la luna se vislumbraba como posible. El poeta y artista plástico Jorge Eduardo Eielson no fue ajeno a estas ensoñaciones; tanto así que elaboró el Proyecto Tensión Lunar para el cual envió una carta al entonces jefe del proyecto Apolo para llevar a cabo su proyecto de hacer una instalación artística en la superficie lunar. A continuación la respuesta...



Sr. Jorge Eielson

7, Rue de Lanneau

Paris 5E France


Estimado Sr. Eielson:
El Dr. Muller me pidió que revise su propuesta de colocar en la luna el objeto de arte “Tensión Lunar”. La nave espacial Apolo es muy limitada tanto en peso y volumen como para transportar objetos que no sean los indispensables para la seguridad y el apoyo de la tripulación y lo necesario para llevar a cabo la actividad científica a la que la NASA se ha comprometido. Su propuesta fue de nuestro interés pero no puede llevarse a cabo dentro del plan actual Programa Apolo, debido a nuestras limitaciones existentes. Nosotros en la NASA agradecemos su sugerencia y su interés en el Programa Lunar Apollo.
Atentamente,
Sam C. Phillips
Teniente General, USAP
Director del Programa Apolo

Para descargar Noche Oscura del Cuerpo en pdf haga click aquí

2.01.2010

Esteras - Alfredo de la Cruz

Sauce, Eduardo Yaguas


Migrante

Pedí descansar y me trajeron al infierno.

¿Qué hago donde hay sólo piedras

y el sol constantemente

aja la piel como a una rosa?

La muerte olfatea los zapatos. Y el viento

Rememora mis querencias

¿Partí como tantos y moriré como tantos

apagado por el polvo y la tristeza?

Estoy quizá donde mis amables comensales.

Pisando la tierra que ellos pisan

tragando la miel que no comparten.

¿Pedí acaso demasiado?

Sólo descansar…

y me trajeron al infierno.

13-06-87



Carnaval

Alcánzame tu mano

a través de la gente

Sauce herido que no canta

que no busca mi sueño entre sus ramas

Y a dónde iremos?

El machete me amarga

La tarde se va con mi árbol oscuro

Aprieto tu mano y juntos

nos dormimos en ese silencio

silencio de árbol muerto.

Marzo 16, 1985



Confesiones

Historia compartida por un viajero y su guía sobre la destrucción de un aldea

A los periodistas muertos en Ayacucho.


/Junio de 1985/

¿Quién reposará donde inscribimos nuestros nombres?

Donde derribamos los océanos para hacer con nuestros pies

los nevados

y bloquear con nuestros cuerpos las balas?

/La ciudad al principio

Los designios de un camino implacable /

Soñabas

Derribar con tus salivas

Los muros de polvo y de rocas

(las murallas que no son como tú crees

Un árbol o un manantial congelado

En el invierno pasado).

El camino que de tanto huir nos arroja adonde partimos

Era casi imposible. /Bordear algún río. / Comer guijarros

Y consolarse con alguna canción extraviada. /

(Ah viajero de eso no nos percatamos)

La hora celeste opacó la memoria de los astros

El cansado rumor de alguna queja,

Y a los pájaros?

También les despojó de la falsía de sus voces.

¿Quién entonces mentirá si tu no lo haces ahora?

¿Quién se hará de fábulas

de tanta anécdota que nos muerde las tripas?

La noche es tan mansa como el día

Y las balas tan frágiles y tan mortíferas

como en las guerras.

/ Aquí donde para hablar es suficiente una sonrisa /

La aldea. El cielo gris

Un puñado de cenizas vomitando

El recuerdo mal uniformado de los infantes de Marina.

/ La agitada parla de viejos enterrada sobre el guano de las

sementeras /

Las mujeres que descubren

otros cuerpos / otro semen

Y maldicen

la huella imborrable de los soldados.

24-05-85



Poema para un durmiente


A Arturo Paredes in memoriam


¿Dormido te pescaron?

atravesando tus ojos

para derribarte como a una pared de adobes?

Arturo / Arturo…

¿en qué quedamos? Si estabas

Siempre en la vaguedad enredada de tu cabeza

En la neblina de tus ojos.

Sucede,

Que el mar ignora

Cuántos ojos ciega

o cuántos cuerpos contra las rocas golpea.

Sucede,

que el viento no sabe

de las hojas que arrastra

de los otoños que entristece.

Y sucede,

que tú eres el mar.

El viejo que arrastra las hojas

Y el otoño entristecido

en los ojos

de Carmela P.

Arturo / Arturo…

¿Estás dormido?

En la oscura calma de un toque de queda

En el rumor ajeno de una mosca

En el rumor siniestro de una bala?

Y qué sabrás tú de las viejas estaciones?

Donde gustabas de un helado. Y tocabas

tu silbato (en los desfiles). Para reírte

de los despistados automóviles

(como quien no sabe nada

como quien

con los ojos cerrados

tantea la ciudad).

Es cierto / Arturo.

Tu silencio

Tu insospechada inocencia

El color

de los árboles

derribándote

Trágicamente.

12-09-87



©Alfredo de la Cruz (Chimbote, junio 1963 )
De padres provincianos, radicó en Lircay-Huancavelica durante cuatro años de su infancia, luego emigró a Lima, al barrio El Progreso, distrito de Carabayllo, en donde inició sus primeros “textos poéticos”.

* Tomado de El Origen del Silencio, Centro de Investigación, Publicaciones y Educación Popular-CIPEP Lima, Perú, 1988. 60 páginas.


12.03.2008

Evocando a Juan Ojeda. Testimonio a los 34 años de su desaparición


Por Víctor Manuel González Pumachaico*

.¿De quién es esa torpe mano que bate, angustiada, las sombras?
Juan Ojeda

El poeta Juan Ojeda murió trágicamente el 11 de noviembre de 1974, a la edad de 30 años. ¿Se suicidó? Sus amigos más íntimos evidenciaron que sí. Uno de ellos: Víctor M. González P., después de tres décadas de silencio, en evocativo testimonio recuerda lo ocurrido horas antes de su deceso.

10 /11/ 74: Tocaste. Sabías que adentro estaba, no el amigo ni de juergas literarias, sino aquél que te comprendía en los amaneceres o cuando despertabas con la aflicción de un homicida.

Estaba a oscuras la habitación 26 de la Residencia Universitaria de San Marcos, la que otrora te albergara, testigo de horrores y proezas, de la que te arrojaron rabiosos por ser más pernicioso que el fascismo hecho hombre, logrando una utopía: la unidad de las izquierdas. Una vela a su capricho rasgaba las tinieblas. (No sé si sabrás que prácticamente la vivienda ya no existe; la “modernidad” de las autoridades casi han barrido con todo. Sé que tendrías rabia y pena al ver tanta desolación con frías computadores sin alma...)

Domingo como todo domingo, bebíamos sobriamente por el lunes 11 de noviembre, embarazoso día para cumpleaños.

–¿Quién? –pregunté, escondiendo un poco de cerveza ahora tan amarga. Escuchábamos “Puerto Montt”, dijiste que te agradaban Los Iracundos, quizá sólo para no desentonar, y cantaste a dúo con Chiquín, el de la voz de timbal. Se repitió el disco a tu solicitud: “Silencio sin piedad, encontré al volver, mas en la soledad, tu voz me gritará...”, mientras sonreía mirándote el hosco semblante.

En la penumbra, tan pronto ingresaste, reparé en el hematoma de tu pómulo izquierdo; al rato te pregunté: “una pequeña discusión sin importancia”, me afirmaste categórico y ufano.

Te tiraste sobre la cama con la amistad de siempre y volviste a leer aquellas líneas anónimas de mal gusto, que las aceptabas sin alterar tu modestia. Iniciamos un diálogo intrascendente, mas una tensión nos iba haciendo acezar. Deseabas beber para seguir soportando la vida, me lo insinuabas a gritos, me lo suplicabas después; era cruel ante tu tortura y todo por tanto estimarte.

–Tú sabes que casi nunca bebo –te dije con un rictus de tristeza.

–¡Sólo algo..! –me repetías con ruego de hombre y agonía de poeta. Forzando una sonrisa, explayaba grotesca mueca, lamentando siglos de existencia.

La vela seguía con su tenue luz. El aposento se volvía letal, nos asfixiábamos de vacuidad y angustia; tu sed incesante, vital, paroxística; tus ruegos, inmisericordes a mis oídos; tres botellas escondidas y el mundo con su pachanga como si nada. Cual autómata de mi propio ser, tuve que controlar mi pesar, que lo percibías sin mirarme, deleitándote inmutable.

¿Cuándo te conocí? No recuerdo. Tal vez nos encontramos de tanto buscarnos, llegando de un caos para compartir la soledad, licuar nuestras angustias y anhelos, sentir la tiranía del tiempo, vivir la vida bordeando diariamente a la muerte, querer aplacar sus males a la tierra con la locura, ignorar a cierta gente y cosas por profilaxia y huir y hallarnos en sueños como en la realidad.

Me pediste cinco soles para tomarte un pisquito en el barrio de los trabajadores de la Ciudad universitaria, asegurándome que regresarías en unos minutos. Con Chiquin nos pusimos de acuerdo, que tan pronto volvieras beberíamos sin reservas por el 11 que se aproximaba y hacías que te habías olvidado. (Pues en cierta ocasión con zalamería y talento, expresaste sobre grandes acontecimientos que sucedieron un día como éste; también mencionaste a hombres que admirabas que nacieron un 11 de noviembre, entre otros al siempre afable Dostoiesvky. Mas no dijiste nada sobre los que murieron o morirían una fecha como ésta.

El viernes primero de ese mes, a patadas casi rompes la puerta; estabas desde días antes bebiendo con Cesáreo (nuestro querido Chacho que partió en enero de 2002 a buscarte). No te abrí pero quedé enfadado y con un palo en la mano. Al día siguiente, por la tarde, llegabas con circunspección franciscana, te saludé y todo había olvidado. Te persuadí a registrar tu voz, seré sincero, pensé y no pensé: como recuerdo por si murieras pronto. Aceptaste y te alcancé tu poemas Elogio de la Destrucción de los viernes literarios del 70, que era parte de una roseta de trece puntas, detrás de la puerta, y tu cuento inédito La Isla, que entre otros me dejaste para conocerlos; leías nervioso pero pausado. Después de serenarte, ponerte cómodo y prender un cigarro, escuchamos el casete, siendo la grabación de tu agrado. Con una mirada sonriente lo festejamos, diciéndonos mucho sin palabras.

Seguía aguardándote inquieto, estabas demorando mucho, la noche avanzaba, ya iba a ser las doce, ¿acaso no volverías? Un rato más y saldría a buscarte.

Estaba descansando y tocaron la puerta. Era la siete de la mañana del lunes 11. me dijeron que habías muerto; que un carro te había atropellado y se dio a la fuga; me dije: te has matado...


Apenas pasaron diez días y al escuchar tu grave voz a través de esa maravilla de la época, el llanto obnubiló mi ser, palpando la ausencia infinita, mientras bebía a sorbos la desolación más injusta.

Cuando yerto en la morgue, buscaron tus luengos bolsillos, hallaron tu carné universitario, tres soles setenta y un boleto de medio pasaje de la línea 25, que costaba un sol treinta. ¡No fuiste a tomar un pisquito! ¿Adónde encaminaste? ¿Con quiénes estuviste que te dejaron tan solo, a las dos de la mañana, en la cuadra 22 de la avenida Arequipa? Los tuyos se lamentaron ¡¿Por qué Dios mío, si aún tenía treinta?! Los amigos que te comprendieron, sabían que lo harías en cualquier momento...

Tenía miedo acercarme a verte, tuvo que llegar Cesáreo para acompañarme unos pasos, pero me dejó solo...

“¡Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!”, nos diría nuevamente Vallejo al verte como siempre: enternado y soberbio, en reposo pasajero sin tormentos como si durmieras, desmintiéndonos en el acto tu rostro verdemuerto y tu frente vendada contrastando a los pescadores de tu puerto chimbotano. Ineluctable trance. Tú, creador y destructor de mundos inauditos; poeta filosofante de la degradación y del fin, escudriñador de la demencia y de la razón; artesano de tramas con desesperados sumidos en realidades y tiempos extraños; mórbido amante de la que irónicamente te mostraba con desdichada humildad... ¡Qué inefable quedaste!

No recuerdo tu nueva dirección, aunque el loquito Percy anotó por allí: “Santa Carmen 55-A, El Ángel” (ciudadela con unidades vecinales, casitas soterradas y residencias; manifestación absurda de las clases sociales). Sea como fuere, ya nos encontraremos, y recorriendo aquellas callejuelas de flores, en la quietud de las noches, nos pondremos a conversar largamente, y hasta daríamos charlas de consuelo a los vecinos tristes que no pensaron en las añejas coplas de Manrique.

A 34 de tu adelanto, te recuerdo como siempre..., en este momento te veo exactamente como aquella tarde del 11 de noviembre de 1974; solemne, tu pinta arabesca transformada, ver y no creer, estoy llorando mundos por dentro, ¡levántate!, te prometo que beberemos mares... Cualquiera tiene una pesadilla, ahora que despierte te buscaré por Letras y tomaremos en el sótano un café o iremos al Chorito a visitar librerías, y no te diré que te soñé, mi entrañable Juan Ojeda.


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* Docente universitario en la EAP de Comunicación Social de la UNMSM

10.22.2008

Poemas de entrecasa

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por Juan Pablo Mejía
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Hace unos meses nos enteramos gracias a Tulio Mora que el 2 de octubre del año pasado, Manuel Morales dejó este mundo. Pocos fueron los medios que informaron sobre tan penosa noticia, pcoos los amigos que se animaron a escribir (Balo Sanchez León, Eloy Jauregui) sobre tan sensible pérdida para la poesía peruana contemporánea.

No es mi intensión polemizar sobre termenda falta de atención de nuestro aparato crítico o la labor de la prensa cultural en el país. Lo que sí considero oportuno y necesario es hacer un acercamiento a su obra (breve pero contudente) a través de la lectura de sus poemas.

Si quieres leer la muestra de poesía (que incluye bibliografía y datos biográficos) que elaboramos para conmemorar la figura de uno de los padres de de la actitud que solo algunos años después exhibirían los Hora Zero, puedes clickar aquí.



SOBRE MANUEL MORALES:


Manuel Morales nació el 18 de febrero de 1943, en Iquitos. Estudió en los Colegios Salesiano y Leoncio Prado, de Lima. Egresó de la facultad de Educación de la universidad Federico Villareal en 1968. Ha estudiado Cooperativismo. Ha trabajado como agente vendedor y en la oficina Nacional de Desarrollo Cooperativo. Actualmente trabaja en la oficina de asesoramiento de las Cooperativas Agrarias de Producción, en Chiclayo, dependencia del SINAMOS. Tiene un hijo.
Obtuvo el Premio de los Juegos florales Universitarios convocados en 1967 por la universidad Nacional de Educación. Ha publicado en “Haraui”, “CLE” (Comunidad Latinoamericana de Escritores, México), “Alpha”, “cantuta”, “Textual”. Figura en la Antología peruana: dos generaciones (Madrid, 1969). Libro publicado: Poemas de entrecasa, Chosica, Ediciones universidad de Educación, 1969.
Dirección en Lima: La Mar 870, Miraflores.

Autobiografía publicada en ESTOS 13 (1973), P. 29


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QUÉ DIJO LA CRÍTICA SOBRE SUS LIBROS

"Hay algo que emparenta la poética de Martos (…), con los libros de Watanabe, Morales y los textos de Rosas Ribeyro. En parte es su visión adversa al intelectualismo, su aprecio por el componente humorístico y cierta dosis de ironía; en parte – y no desdeñable– su voluntad de transparencia y la búsqueda de un destino en el interlocutor. (…) Para ellos el relato poemático debe recoger los rasgos menudos, pero suficientemente relevantes como para ser caracterizadores; como para apuntar pronta, velozmente a una función iluminadora que esclarezca los conflictos, las contradicciones deformantes, casi grotescas, del fracaso conceptual o la mecánica formalista a que se circunscribe la situación típica. El trato de la cotidianidad y la presión con que lo ritual cotidiano constriñe los anhelos y valores, hasta inhibir y disociar la personalidad de sus criaturas, es una categoría que califica a esta corriente. Será el lector quien extraerá de sus textos, como de una parábola, la pequeña pero certera e inolvidable lección, su sentido que, aunque por fragmentos, con otros análogos darán cuenta del existir humano, como las piezas de un amplio mosaico."

Alberto ESCOBAR, Prólogo a ANTOLOGÍA DE LA POESÍA PERUANA TOMO II (1960 – 1973) p. 12

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Su estilo oscila entre el verso mayor y la condensada expresividad de las pequeñas estrofas, en las que quizá se aprecia –de modo más rotundo – la forma crítica y risueña con que morales construye su realidad poética, al amparo de una ironía leve y de un sentimentalismo latente. La estridencia formal que a ratos adquiere su lenguaje es la contrapartida a una básica actitud de nostalgia y de búsqueda por el sentido que se oculta tras el ceremonial cotidiano.


Alberto ESCOBAR, ANTOLOGÍA DE LA POESÍA PERUANA TOMO II (1960 – 1973) p. 96


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El poeta muestra uno de los rasgos “fuertes o ácidos” del lenguaje directo que ha reinado en la poesía de la generación del 70. El uso de una expresiva “jerga”, sustenta su desparpajo y estilo muy peculiar por la estridencia que obedece al decoro personal y populista. Trasunta en todo momento un humor característico de extraño ceremonial “entresacados”, de los mundos cotidianos actuales. Gusta de la escritura en versos mayores, donde el criterio moral o su mundo sentimental unen los giros en la búsqueda de un lenguaje muy nuestro. Esa fuerza narrativa estará presidida por una crítica única y amarga, pero también risueña, de un mundo nostálgico que busca sus sentidos frente a la vida de los hombres. Últimamente Morales en poemas posteriores a su primer libro, nos entrega un nuevo sistema de valores poéticos que ofrecen un enriquecido lenguaje equilibrado, lo cual no será producto de la realidad “directa”, tal y como son; sino más bien, otorga a su poética de un amplio registro por la oralidad y la salida de un sistema expresivo de búsquedas interiores: de purificación ritual de gamas y valores humanos que tienen las mismas esencias sin llegar al desparpajo. Lo cual es una contrapartida a su primera inicial escritura.

César TORO MONTALVO, ANTOLOGÍA DE LA POESÍA PERUANA DEL SIGLO XX (AÑOS 60/70), p.178.
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8.17.2008

La pieza oscura (1963) *

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La mixtura del aire en la pieza oscura, como si el cielorraso hubiera
amenazado
unavaga llovizna sangrienta.
De ese licor inhalamos, la nariz sucia, símbolo
de inocencia y de precocidad
juntos para reanudar nuestra lucha en secreto
, por no sabiamos no
ignorábamos qué causa;
juegos de manos y de pies, dos veces villanos, pero igualmente dulces
que una primera pérdida de sangre vengada a dientes y uñas o,
para una muchacha
dulces como una primera efusión de su sangre.

Y así empezó a girar la vieja rueda -símbolo de la vida- la rueda que se atasca
como si no volara,
entre una y otra generación, en un abrir de ojos brillantes y un cerrar de ojos
opacos
con un imperceptible sonido musgoso.

(...)
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* Hacia 1963, la Editorial Universitaria, publicó en Chile, La pieza oscura (1955 – 1962), de Enrique Lihn (Santiago 1929 - 1988) considerado por él mismo como primer libro "valedero", puesto que solía omitir sus dos libros anteriores (Nada se escurre, 1949 y Poemas de este tiempo y de otro, 1956). Traducida al francés y publicada en París por Pierre Jean Oswald Editeur en 1972, y al inglés por New Directions en Nueva York bajo el título "The Dark Room and other poems" en 1978, la edición facsimilar en PDF que hoy les presentamos, incluye un prólogo de Jorge Elliott. Para verla solo basta presionar aquí. ■
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7.11.2008

REBELIÓN CONTRA LA POESÍA (*)


Antonin Artaud(**)


Siempre hemos escrito con la intención de encantar el alma, pero, cuando entramos en la poesía, dicha encarnación ya se había producido y no era obra nuestra.
El poeta que escribe se dirige al Verbo y el Verbo tiene sus leyes. Corresponde al inconsciente del poeta creer automáticamente en dichas leyes. Se cree libre, pero no lo es.

* * *

No quiero ser el poeta de mi poeta, de ese yo que quiso escogerme como poeta, sino poeta creador, en rebelión contra el yo y el sí. Y recuerdo la rebelión antigua contra las formas que venían hacia mí.

* * *

Mediante la rebelión contra el yo y el sí me he liberado de toda clase de malas encarnaciones del Verbo que siempre ha sido para el hombre un compromiso de cobardía y de ilusión y no sé qué fornicación abyecta entre la cobardía y la ilusión. No quiero un verbo procedente de no sé qué líbido astral y que fue todo conciencia en las formaciones de deseo en mí.

* * *

No quiero comer mi poema, pero quiero dar mi corazón a mi poema y ¿qué es eso de mi corazón a mi poema? Mi corazón es lo que no soy yo. Dar su sí a su poema, es arriesgarse a verse violado por él. Y si yo soy virgen para mi poema él debe permanecer virgen para mí.

* * *

Soy ese primitivo descontento del horror inexpresable de las cosas. No quiero reproducirme en las cosas, quiero que las cosas se reproduzcan en mí. No quiero una idea de mí en mi poema y no quiero volver a verme yo en él.
* * *

No quiero ser sino ese poeta para siempre que se sacrificó en la Cábala del sí por la concepción inmaculada de las cosas.


(*) Extracto del cuadernillo que no lleva ni nombre de editor ni de impresor, sólo esta indicación: PARÍS MCMXLIV. Frente a la página del título, la justificación de la tirada: DE ESTA EDICIÓN ORIGINAL / PUBLICASA POR LOS AMIGOS DEL / AUTOR SE HAN TIRADA / 50 EJEMPLARES SOBRE ARCHES / EJEMPLAR NÚMERO... El “acabado de imprimir” está hecho en forma que parezca que se trata de una publicación clandestina hecha durante la Resistencia: ESTA OBRA COMPUESTA / EN GARAMOND ITÁLICO / CUERPO 30 SE COMPAGINÓ/ SE IMPRIMIÓ CON AMOR / EN PARÍS EN LA BRUMA DE 1944 / PARA QUIENES SABEN ESCOGER. Si no hubiésemos sabido, por haberlo visto todavía inédito en las manos del coleccionista que lo había comprado, que este trabajo no estaba impreso el año siguiente a la muerte de Antonin Artaud, el lujo del cuadernillo, en una época en que el papel estaba racionado y era de mala calidad, bastaría para denunciar el subterfugio. Rebelión contra la poesía no debió de publicarse hasta 1953 aproximadamente. Fecha de entrada en la Biblioteca Nacional: 1954.


(**)Antonin Artaud (Marsella, 1896 - Ivry-sur-Seine, 1948) dramaturgo y actor, es autor de una vasta obra que explora la mayoría de los géneros literarios. Sus tempranos libros de poemas L'ombilic des limbes (1925) y Le Pèse-Nerfs (1927) anuncian ya el carácter explosivo de su obra posterior. En 1936 Artaud viaja a México y convive con los Tarahumaras, un pueblo indígena, para encontrar la antigua cultura solar y experimentar con el peyote. A su regreso, Artaud pasó algunos meses inmerso en el estudio de la astrológia, la numerología y el Tarot. Un año más tarde, deportado de Irlanda, será ingresado por sobrepasar los límites de la marginalidad. Pasa nueve años en manicomios y repetidas sesiones de terapia de electrochoque acabarán por hundirle físicamente. Sus amigos logran sacarlo y vuelve a París, donde vivirá durante tres años. Publica en 1947 el ensayo “Van Gogh le suicidé de la société”, galardonado al año siguiente con el Prix Saint-Beuve de ensayo. Muere de un cáncer el 4 de marzo de 1948 en el asilo de Ivry-sur-Seine.
(Tomado del wilkipedia, la edición es mía)
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